miércoles, 6 de agosto de 2008

Soneto VIII




Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,


de día con arcilla, con trabajo, con fuego,


y aprisionada tienes la agilidad del aire,


si no fuera porque eres una semana de ámbar,



si no fuera porque eres el momento amarillo


en que el otoño sube por las enredaderas


y eres aún el pan que la luna fragante


elabora paseando su harina por el cielo,



¡oh, bienamada, yo no te amaría!


En tu abrazo yo abrazo lo que existe,


la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,



y todo vive para que yo viva:


sin ir tan lejos puedo verlo todo:


veo en tu vida todo lo viviente.







Soneto II



Amor, ¡cuántos caminos hasta llegar a un beso,


qué soledad errante hasta tu compañía!


Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.


En Taltal no amanece aún la primavera.



Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,


juntos desde la ropa a las raíces,


juntos de otoño, de agua, de caderas,


hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.



Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,


la desembocadura del agua de Boroa,


pensar que separados por trenes y naciones



tú y yo teníamos que simplemente amarnos,


con todos confundidos, con hombres y mujeres,


con la tierra que implanta y educa los claveles.


OSCAR WONG




CON MIS OJOS BUSCO a la mujer que amo.
Con mis manos palpo a la mujer que amo.
Esa mujer que canta es la mujer que amo.
Esa mujer que llora es la mujer que amo.
Esa mujer que siembra la Palabra Sacra es la mujer que amo.



Más allá de la corriente etérea de los sueños la persigo.
Aspiro el suave aroma de su cuerpo.
Raudo acudo cuando su voz me llama.
Tiemblo cuando el oleaje turbio de los celos me golpea.
Heme aquí cantando:
Alzo la voz para que el eco agrande mis palabras.



Esta canción es un relámpago que anida en los cristales.
Límpido el día estalla brutal en la retina.
Inicio el aluvión que fluye desde la fuente eterna del Amor.
Aquí la transparencia azul del mediodía crece.



Su mirada tiene el vigor de la espesura.
Su mirada es el rumor del viento entre la milpa.
Gota de miel apetecida su mirada resplandece.



Parpadea su mirada con un temblor más tierno que el musgo.
El líquido amargo del adiós asoma a la pupila.
Con dulzura de niña amonestada llora:
sus lágrimas, líquido candor que arroja mansedumbre.



Desde el árbol del silencio pende mi corazón
y escucho el llanto de la mujer que amo.
Un gajo de sol aúlla en mis entrañas.
Me estremezco cuando la llama del quebranto la calcina.



En ritual silencioso mis hijos la contemplan.
Cristal endeble la mediatarde,
bocanada de melancolía,
fuego mustio ardiendo en el iris.



He visto la desnudez de su alma.
He contemplado ese tropel de espumas,
el aletear silencioso de sus párpados.



Amo el colibrí que asoma en su mirada.
Amo su mirada tierna si sonríe.
Amo sus tibias lágrimas donde navega la nostalgia.



Cuando ríe emergen crisantemos.
Cuando canta el aire destila filamentos de albor:
esplende el oro que habita en la garganta.



Pero la vida no es un montón de escombros,
ni el torrente amargo de la furia.
No la lluvia picoteando el asfalto como un ave infatigable,
ni la tiniebla irrumpiendo en los caminos.



La vida: ramo de rosas blancas que le ofrezco,
golondrina rauda escapando de la bruma,
fruta dúctil que muerdo con deleite.



En la memoria palpo su rostro:
sus labios evaporan la penumbra,
su voz hace florecer las sombras.
Su figura, lirio luminoso en el centro del mundo.



Y la amo.
Mucho antes que la Tierra se formara.



Mi canto: sol enardecido derramándose,
claridad profunda, aletear de la dulzura.



Desde la umbría conjuro la suavidad de su piel,
el prodigio del Amor en llamas,
el ceremonial de la divina cumbre.



Sí, ya sé que sobre la desatada serranía
crece la bruma, la ceniza fraguando la existencia.
Ya sé que el puño iracundo se rebela
y el crepitar del Universo irrumpe enfurecido.





ANTES DE TI





Antes de ti, nada era cierto.


Las flores se marchitaban a mi paso


y la sombra del día me negaba su ternura.



Antes de ti, mi silencio producía espanto entre los vivos


y mi tristeza vagaba por el mundo.



Amor, antes de ti, todo era malo,


sin tu presencia el mar no devolvía mis palabras


y el viento se llevaba hasta mis lágrimas.



Ahora estoy en ti y el cielo se caído entre mis manos;


el fuego ha consumido las células malignas


y hasta mis noches se han teñido con tu nombre.



Amor, después de ti no quedará rastro de la lluvia,


sólo mi cuerpo enredado con tu sombra…



06 agosto de 2008




LUNA LLENA XVI





El lobo cubrió su rastro,


la ausente luna le rasgaba el pelaje,


conseguía filtrarle miedo en las pupilas.



El humano sufría envuelto en suaves sueños,


la agonía dejaba huellas en su cuerpo macerado.



Un instante sin su luz le parecía eterno,


un minuto sin su cuerpo se transformaba en siglos,


una noche sin su fuego destrozaba al lobo


y la ausencia de su nombre destruía al humano.



¿En qué noche volverá tu sombra a posarse entre mis ojos, luna llena?


¿Cuál caricia te dejará al fin conmigo?


Esta espera mata mi figura,


va destruyendo el sorbo de vida que tenía…



¿Cuánto más crecerá con tu ausencia lo que este humano lobo siente?



21 de julio de 2008


SESEM SERT




Átame,


jamás dejes marchar a este ser hecho de polvo,


no dejes que mis ojos vuelvan a estar vacíos.



Resucita con tu piel cada fragmento de mi alma,


toma mi cuerpo con una sola mirada,


vacía el silencio de tus labios en mis labios.



Trae la noche contigo,


que tu luz –luna llena de mis sueños- surque mis venas;


comparte cada trozo de aire que respiras,


cada minúscula partícula de voz dámela toda,


une tus manos a las mías,


que el silencio sea nuestro escudo y las palabras el arma que jamás será usada.



Átame, acércame a tu cuerpo,


engánchame a tu alma…



10-07-08

 
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