miércoles, 6 de agosto de 2008

Soneto II



Amor, ¡cuántos caminos hasta llegar a un beso,


qué soledad errante hasta tu compañía!


Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.


En Taltal no amanece aún la primavera.



Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,


juntos desde la ropa a las raíces,


juntos de otoño, de agua, de caderas,


hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.



Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,


la desembocadura del agua de Boroa,


pensar que separados por trenes y naciones



tú y yo teníamos que simplemente amarnos,


con todos confundidos, con hombres y mujeres,


con la tierra que implanta y educa los claveles.


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