martes, 5 de enero de 2010

PROYECTO 2010

En este año inicio el Proyecto 2010 (mi proyecto), el cual tendrá por objetivo disciplinarme y dejar de lado mi pereza en cuanto a escritura se refiere. Es por ello que trataré de publicar al menos cuatro veces al mes algún texto. Cabe mencionar que estos textos no tendrán correcciones y mucho menos un orden lógico, sólo se tratará de ideas sueltas que vayan fluyendo en el papel. ¿Quién sabe? Quizá de todo esto salga al menos una idea buena. Bien pues inauguro este proyecto con el siguiente texto:






CURRÍCULUM VITAE.



Permaneció con la mirada fija en el suelo. Las restantes horas le parecerían las más largas de toda su vida. Dentro de sus botas movió los dedos, la sensación de frío no amainaba, por el contrario parecía ir en ascenso, un ascenso lujuriante que terminaría en el interior de sus muslos y le haría sentir aún más soledad de la que estaba sintiendo en esos momentos.


La puerta se abrió, escucho las voces discutir, con el volumen necesario para no ser escuchados por nadie, ni siquiera por ella.


Se frotó los manos, el frío le había llegado hasta los tobillos, haciéndola sentir inmersa en un balde de agua congelada. Sintió cómo el dolor en su espalda aumentaba, cómo la ansiedad amenazaba con desbordarla y dejarla esparcida en cada rincón de esa diminuta sala de espera. Sin más, la puerta se volvió a cerrar sin que nadie saliera de la oficina. Al parecer habían reanudado la conversación, la efímera esperanza de que su espera terminara pronto se desvaneció de golpe, dando lugar al violento abandono de quien ha visto esfumarse la meta casi a punto de llegar.


Estuvo tentada a dar vueltas con el fin de llamar la atención de ‘los de adentro’, pero pensó que quizá eso sólo retrasaría la decisión. Se sentó en el sillón más cercano a la puerta, a su lado el revistero no llamó en absoluto su atención, trató de olvidarse del frío observando el cuadro de una playa repleta de bañistas, pero la conciencia de lo helada que estaría el agua en esa época del año, le regresó la sensación gélida que avanzaba milimétricamente hacia sus muslos.


El sonido de los autos allá afuera la distrajo de sus pensamientos, se asomó por la ventana, estirando un poco el cuello para mejorar la vista. Tres pisos abajo estaba el mundo, con sus coches de juguete jugando a ver quién hacía más ruido, con sus títeres vestidos de una y mil formas, abriéndose paso entre el frío y el humo, entre las prisas y el contorno de otros títeres.


De vuelta al mundo en esa diminuta oficina, se acomodó la falda y mecánicamente se tocó el cabello para cerciorarse de que estaba en orden. Fingió no darse cuenta del temblor en su mano concentrando su atención en el frío que había llegado hasta su pelvis, atacándola sin tregua. Pensó qué pasaría si el frío seguía avanzando, si paralizaba su estómago y llegaba hasta su corazón.


La puerta se abrió de nuevo, no consiguió escuchar nada, el sonido de una canción lejana la distrajo por completo de su nerviosismo. Era la canción que tantas veces escuchó en su infancia, la que nunca más volvió a escuchar desde su llegada al universo de los coches, las distancias y las prisas.


No percibió las siluetas perfilándose en el cristal de la puerta, ni las risas de los dos hombres, echó una mirada al cuadro de la playa y volvió a pensar en lo helada que estaría el agua, la sal, la arena, el bloque formándose en su pecho paralizando todo lo una vez tuvo.

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