He dicho.
(Pedido)
(Rogado)
(¿Bichito?)
HAY EN EL UNIVERSO MÁS MUNDOS INTERIORES QUE GALAXIAS...
Y resulta que llueve. Llueve y hace frío. Y resulta que tengo gripe y quisiera escribir tantas cosas que termino por no escribir nada. Un día dije: quiero ser escritora, fue hace mucho tiempo sin duda; porque entre universidad y aburrimiento; entre libros que no llegué a leer; entre sábados desmañanados e historias de amor que nunca ocurrieron; porque entre los 'no sé qué quiero ni quién soy', entre los 'te he encontrado y aquí me quedo', se me fue olvidando que para escribir necesitas dos cosas: talento y mucho trabajo. El talento, quizá poco, el trabajo de estos años, indudablemente casi nulo. Hace dos fines de semana me hizo feliz el hecho de pasarme un día entero reescribiendo, destruyendo, contando y recontando mis relatos. Fue difícil, fue trabajoso y a veces desesperante, pero fue totalmente alentador, me gustó y mucho.
¿Quién sabe por qué algunos decidimos empeñarnos en escribir? El otro día respondí a esa pregunta diciendo que escribimos para dejar una huella al menos de que estuvimos en este mundo. ¿Será cierto? No será que el propio ego del que quiere escribir lo trastorna a tal punto que tiene que sacar todo lo que lleva dentro antes de que explote. 'CONÓZCANME' parecemos decir aquellos que soñamos con ser leídos. 'Vean todos los mundos que llevo dentro, entérense que hay algo más dentro de mi que quizá jamás alcancen a entender' Quizá en el fondo sea por eso. Lo único claro es que todo eso que escribo lo percibo en el mundo real, me detengo a observar cosas pequeñas, insignificantes que por ello encierran un amplio significado, sé que allá afuera el mundo es totalmente diferente de lo que pensamos y que hay una realidad muy simple en este universo: Podremos tener lujos, amor, comodidades, poseer los más altos avances tecnológicos, dominar por medio de la violencia, la manipulación y el engaño, podemos creer que siempre obtendremos lo que queramos, pero nunca, absolutamente nunca podremos adueñarnos del universo interior de otra persona, por mucho que lo intentemos jamás nos será posible obtenerlo. Quizá por eso, algunos hemos entendido que ante esta imposibilidad de mundos interiores sea una mejor idea crear otros, que en el papel nos pertenezcan.
He decidido alejarme por unos días del Internet. Me he dado cuenta de que últimamente paso el poco tiempo libre que tengo en casa, aproximadamente unas tres horas, muy distante de mi familia y de las cosas que me gustan: leer, escribir, ver películas, escuchar música. Lo que más me preocupa, sin duda, es que hay ocasiones en que no me entero de nada. Y ni para que hablar de mis fines de semana en los que
Cambiando radicalmente de tema debo contarles que me ha ocurrido algo curioso el día de hoy. Amaneció a
Bien, después de haber dejado mi reflexión positiva del día me despido mientras en mi mente siguen resonando estas palabras:
“Deseo, deseo, deseo con todas mis fuerzas ser feliz…”
(Y en medio de todo esto descubro que hoy soy feliz…)
01:08 PM
Entre el trabajo; las prisas; el corazón remendado; las personas que vuelven y la sonrisa más hermosa que haya visto, noviembre sigue su curso. Cinco libros en quince días no esta mal. Tres desilusiones en una semana esta mejor. Tantos latidos en un día es un milagro. He empezado a leer “Memorias de una geisha”, un libro muy largo que pretendo terminar este fin de semana, sin embargo, debo dormir, ir al Doctor, cortarme el cabello, adelantar trabajo, escribir y seguir odiando a cierto aspecto del mundo. No creo tener tiempo suficiente.
Mañana no hay taller así que trataré de dormir todo lo que pueda. Lo necesito, creo que tantos sueños en pleno día me están afectando. Hasta he tomado una decisión drástica:
Extirpar a todo aquel sentimiento que no me sirva para nada…
Sin duda mis divagaciones son sólo producto de la excesiva vigilia.
Me despido…
“Quiero decirte tan sólo, que me he quedado tan solo…”
Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿estas, muertas, horas?