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domingo, 6 de mayo de 2007

SI ME REGRESO ME MUERO- ANA KLEIN

" Regrésate Juan... Si me regreso me muero...
Entonces quédate...si me quedo también me muero..."
A mi clon
Este libro llegó a mis manos por casualidad –una de esas casualidades que de tan cotidianas se convierten en mitos y milagros-, y por casualidad también, Juan Paloma, el protagonista de esta novela, se enamoró, igual que yo, de la luna y del “Claro de luna” de Bethovenn. Ambos, él y yo –y pocos más- hemos enfermado de fantasía, vamos por el mundo agonizando; alejando a “los sanos”, a aquellos que nos rehuyen por temor a que los sueños que llevamos tatuados en los ojos los contagien.

“Si me regreso me muero” es una novela tan corta que bien podría caber en la palma de una mano, que fácil se acomodaría en un rincón de la memoria. Llena de un lenguaje delirante, de un discurso que desespera los sentidos hasta el punto de no saber si ponerse a llorar o a maldecir a la luna ya bendita.
He descubierto en este libro un lenguaje que me evoca a “Pedro Páramo”, como si Juan Paloma y las “siempre suyas”: Pilar Luna, Mariana Ríos y María Nepomuceno habitaran en ese recodo del tiempo en el que se ha quedado la Comala de Rulfo; como si Juan hubiese conseguido traspasar la barrera del tiempo y se instalase en el limbo de los que sólo saben soñar.
La historia nos cuenta la vida de este hombre enfermo de fantasía que bebe para olvidarse de Dios y de sí mismo. Le acompañan Pilar Luna, “…Pilar Luna de la agonía de la tristeza, de la poesía…”; Mariana Ríos “…exiliada en los rencores y cuyo amor se volvió de odios…”,”…Mariana Ríos cuando me acuerdo de ti me vuelvo de llanto, de eso se volvió tu fuga…” y María Nepomuceno quien logra que Juan Paloma se vuelva de estrellas al verla aparecer, “…Te vi María Nepomuceno, sólo por eso, a éstos ojos no se los van a comer los gusanos”
Ana Klein nos revela en este libro a un Dios que exige no cometer ningún error. Para Klein el amor no puede imaginarse sin culpa; para amar habrá que ser luego castigado.
Un libro recomendable -cuyo prólogo fue escrito por Elena Poniatowska- para empezar a agonizar de fantasía; para reconocer al unicornio de la luna; para vagar por callejones que hace tiempo frecuentabamos y al final, antes de morir para siempre de imaginación, concluir al igual que Juan Paloma:
"...buscar la rosa azul aunque no exista; no quiero perderme la vida por miedo al infierno. Sin amor todo es inútil, hasta Dios..."
Klein Ana. Si me regreso me muero. Jorge Porrúa Editorial, México, 1984, p.p. 75.

sábado, 28 de abril de 2007

EL LIBRO DE LA SABIDURÍA CELTA

El Anam cara

La tradición celta posee una hermosa concepción del amor y la amistad. Una de sus ideas fascinantes es la del amor del alma, que en gaélico antiguo es anam cara, «Anam» signi­fica «alma» en gaélico, y «cara» es «amistad». De manera que «anam-cara» en el mundo celta es el «amigo espiritual». En la iglesia celta primitiva se llamaba anam cara a un maestro, compañero o guía espiritual. Al principio era un confesor» a quien uno revelaba lo más íntimo y oculto de su vida. Al anam cara se le podía revelar el yo interior, la mente y el co­razón. Esta amistad era un acto de reconocimiento y arrai­go. Cuando uno tenía un anam cara, esa amistad trascen­día las convenciones, la moral y las categorías. Uno estaba unido de manera antigua y eterna con el amigo espiritual. Esta concepción celta no imponía al alma limitaciones de espacio ni tiempo. El alma no conoce jaulas. Es una luz divina que penetra en ti y en tu otro. Este nexo despertaba y fomenta­ba una camaradería profunda y especial. Juan Casiano dice en sus Colaciones que este vínculo entre amigos es indisolu­ble: «Esto, digo, es lo que no puede romper ningún azar, lo que no puede cortar ni destruir ninguna porción de tiem­po o de espacio; ni siquiera la muerte puede dividirlo».

En la vida todos tienen necesidad de un anam cara, un «amigo espiritual». En este amor eres comprendido tal como eres, sin máscaras ni pretensiones. El amor permite que nazca la comprensión, y ésta es un tesoro invalorable. Allí donde te comprenden está tu casa. La comprensión nutre la pertenencia y el arraigo. Sentirte comprendido es sentirte libre para proyectar tu yo sobre la confianza y protección del alma del otro. Pablo Neruda describe este reco­nocimiento en un bello verso: «Eres como nadie porque te amo». Este arte del amor revela la identidad especial y sa­grada de la otra persona. El amor es la única luz que puede leer realmente la firma secreta de la individualidad y el alma del otro. En el mundo original, sólo el amor es sabio, sólo él puede descifrar la identidad y el destino.
Es el anam cara se­creto de todos los individuos. Con su amistad penetramos en la tierna belleza y en los afectos de la Trinidad. Al abra­zar esta amistad eterna nos atrevemos a ser libres.
El kaliyana mitra

La tradición budista concibe la amistad según la bella idea del kaliyana mitra, el «amigo noble». Tu kaliyana mitra, le­jos de admitir tus pretensiones, te obligará, con dulzura y mucha firmeza, a afrontar tu ceguera. Nadie puede ver su vida íntegramente. Así como la retina del ojo tiene un pun­to ciego, el alma tiene un lado ciego que no puedes ver. Por eso dependes del ser amado, que ve lo que tú no puedes ver. Tu kaliyana mitra es el complemento benigno e indis­pensable de tu visión. Semejante amistad es creativa y críti­ca; está dispuesta a recorrer territorios escabrosos y acci­dentados de contradicción y sufrimiento.
Uno de los anhelos más profundos del alma humana es el de ser visto. En el antiguo mito, Narciso ve su cara re­flejada en el agua y queda obsesionado por ella. Desgracia­damente, no hay espejo en el que puedas ver el reflejo de tu alma. Ni siquiera puedes verte de cuerpo entero. Si miras detrás de ti, pierdes de vista el frente. Tu yo jamás te verá ínte­gramente. Aquel que amas, tu anam cara, tu alma gemela, es el espejo más fiel de tu alma. La intregridad y la claridad de la amistad verdadera dibuja el contorno real de tu espíritu. Es hermoso contar con semejante presencia en tu vida.

martes, 10 de abril de 2007

¡QUÉ LASTIMA!

Este fin de semana, por cosas de suerte, que sé yo, encendí la radio, tras escuchar varias canciones de pronto la temática cambió, la voz del poeta León Félipe resonó en el cuarto, y sus palabras, no sé por qué, cambiaron mi día, me dieron respuestas. He aquí ese poema, que escuchado en la voz del autor aumenta su belleza...

¡Qué lástima!
Que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo
lo mismo que los poetas que hoy cantan!

¡Qué lástima que yo no pueda entonar
con una voz engolada esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima que yo no tenga una patria!

Sé que la historia es la misma,
la misma siempre,
que pasa desde una tierra a otra tierra,
desde una raza a otra raza,
como pasan esas tormentas de estío
desde ésta a aquella comarca.

¡Qué lástima que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña en la estepa castellana

Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
Pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
Y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.

Después... ya no he vuelto a echar el ancla
y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.

¡Qué lástima que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero,
una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla.
¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla,
retratado con una mano cruzada en el pecho,
y la otra mano en el puño de la espada!

¡Qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!
Porque... ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?

¡Qué voy a cantar si soy un paria que apenas tiene una capa!
Sin embargo... en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas, una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también.
Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia
y muy blanca que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala tan amplia y tan blanca...

Una luz muy clara que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo
cómo pasa la gente al través de la ventana.

Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
ese pastor que va detrás de las cabras con una enorme cayada,
esa mujer agobiada con una carga de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre,
y se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa.
¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña!
Ya no pasa por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de mala gana,
ni se para en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala, muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha,
al través de la ventana, vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca...
En una caja muy blanca que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre
el cristalito de aquella caja tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana...Y la muerte también pasa...

¡Qué lástima!
Que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa,
ni una espada,
y soy un paria que apenas tiene una capa...
venga forzado a cantar, cosas de poca importancia!

MIENTO


"Quien escribe, lo hace desde un pozo oscuro, en el que sólo existen él y una hoja de papel. Quien escribe padece un desierto, al que ha elegido cuidadosamente. Oculta con sus escritura, un defecto, un vicio terrible. Quien escribe está traicionando a alguien. Traza, con tinta ajena, angustias propias. Quien escribe tiene un sabor a sal en su pensamiento."


Demasiadas vidas, Pedro A. Palou


Noches...

De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

(Jorge Luis Borges, Insomnio)

Encontrado en: Demasiadas vidas, Pedro A. Palou.

jueves, 5 de abril de 2007

Puede ser

Sola -todo mundo se ha ido de vacaciones- y con gripe, no me ha quedado más remedio que navegar por la web y escuchar música que por lo general nunca escucho. Así que me ha llamado la atención ésta canción xD

Artista: El Canto del Loco
Album: A Contracorriente
Canción: Puede ser

No sé si quedan amigos
Ni si existe el amor
Si puedo contar contigo
Para hablar de dolor
Si existe alguien que escuche
Cuando alzo la voz
Y no sentirme sólo

(Estribillo)Puede ser que la vida me guíe hasta el sol
Puede ser que el mal domine tus horas
O que toda tu risa le gane ese pulso al dolor
Puede ser que lo malo sea hoy
Naces y vives solo [x2]

Voy haciendo mis planes
Voy sabiendo quien soy
Voy buscando mi parte
Voy logrando el control
Van jugando contig
Van rompiendo tu amor
Van dejándote solo
Naces y vives solo [x2]

Algo puede mejorar
Algo que pueda encontrar
Algo que me dé ese aliento
Que me ayude a imaginar
Y yo lo quiero lograr
Y sólo quiero recordar
Y darle tiempo a este momento
Que me ayude a superar
Que me dé tu sentimiento

lunes, 2 de abril de 2007

(MIRA LO QUE ME ENCONTRÉ) SAN CARLOS, TAMAULIPAS






Texto: Vhaikleir Novalihns
En medio de enormes riquezas naturales y bellos paisajes, los pueblos de la Sierra de San Carlos en Tamaulipas intentan salir del olvido.
La Sierra de San Carlos es desconocida para muchas personas. ¿Quién había oído hablar de ella? Sin embargo, el estado de Tamaulipas está formado por tres macizos montañosos de considerable importancia ecológica, tanto por sus microclimas como por su particular fauna y flora: la Sierra Madre Oriental, la Sierra de Tamaulipas y la sierra de San Carlos; está última contrasta notablemente con las otras dos por su franca orientación de este a oeste.
Podríamos afirmar que San Carlos es la menos conocida de esta tres cordilleras debido a su ubicación, su clima y a la ausencia de ciudades importantes dentro del marco económico del estado.
Con una extensión total de 2 448.24 km2, abarca los municipios de San Carlos, Burgos, San Nicolás, Cruillas y Jiménez y, geológicamente hablando, está constituida por un conjunto de cuerpos intrusivos ígneos asociados a las calizas. Su parte oriental es amplia y tendida, mientras que la occidental, también conocida como Sierra Chiquita, es más escarpada y alcanza altitudes promedio de 1 200 metros sobre el nivel del mar.
Con un clima semiseco y una precipitación media anual de 700 mm, la vida en esta región es difícil. Su vegetación, botánicamente clasificada como matorral submontano y selva baja caducifolia, está compuesta por mezquite, uña de gato, huizache, nopal, lechugilla, maguey y otras cactáceas, especies restringidas a las zonas de lomas bajas y valles o planicies extensas, que solamente pueden ser aprovechadas en gran escala por el ganado caprino, debido a las fuertes pendientes y a la obstrucción superficial.
Aunque mucha de la gente está consciente de que el pastoreo extensivo de las cabras ha propiciado erosión en varias partes de la sierra, para ellos es imposible pensar en otro tipo de actividad ganadera; no cuentan con recursos para introducir nuevas especies y, además, los suelos y la escasez de agua resultan inadecuados para otro tipo de ganado. En las partes altas sobresalen encinos, robles y pinos, especies que debido a las pobres condiciones del suelo son de baja calidad comercial.
Los habitantes de los pueblos, rancherías y ejidos de esta sierra son gente seria y trabajadora, que vive en constante lucha contra las inclemencias del clima. Sus facciones son duras y su piel está quemada por el candente sol que impera gran parte del año, lo cual contrasta con su amabilidad y franqueza de carácter.
Los que no han emigrado a otras partes han aprendido a sobrevivir en esta inhóspita región de México y, pese a todo, son gente orgullosa de su tierra, de su historia; estarían dispuestos a dar la vida con tal de hacer valer la justicia, siempre de acuerdo con la idiosincrasia de sus pueblos.


SAN CARLOS, UN PUEBLO QUE SE NEGO A MORIR


San Carlos está ubicado en la parte sureste de las faldas de la Sierra del mismo nombre, y el noreste del estado de Tamaulipas. En un momento vio incrementada su población cuando el gobierno estatal finalmente construyó una carretera pavimentada; pero en años recientes ha visto cómo la gente continúa emigrando en busca de mejores oportunidades a otras ciudades del país.
Su fundación data del 26 de junio de 1766 y desde entonces se convirtió en punto de referencia para las rancherías y poblados aledaños. En 1769 fue capital provisional de la Nueva Santander, pero sólo unas cuantas familias provenientes de Burgos y Linares se asentaron en esos alejados lugares y vivieron de la caza abundante y de al escasa agricultura de temporal. El comercio se mantuvo bastante limitado por más de siglo y medio debido a lo inaccesible del lugar.
En épocas de la Revolución, sin embargo, San Carlos creció en importancia ya que fue utilizado como escondite así como centro de abasto. Tal vez fue entonces cuando alcanzó su máximo desarrollo, según lo muestran las viejas casas de sillar, de estilo sobrio norestense, con fachadas largas, un sinfín de puertas y ventanales de herrería, y techos altos para mitigar un poco el intenso calor que impera a lo largo del año. Pero éstas eran sólo unas cuantas, propiedades de las familias ricas.
Al terminar la Revolución, poblaciones como Abasolo, Padilla y Jiménez, entre otras, se vieron beneficiadas y muchos habitantes de San Carlos, así como los de otras rancherías, se fueron dando cuenta que en las ciudades había mejores oportunidades de trabajo y prefirieron emigrar; San Carlos quedó como un lejano pueblo en las montañas.
Las familias que permanecieron tenían poco contacto con el mundo exterior, y los caciques casi nada hacían para tratar de mejora su paulatino deterioro. Así, San Carlos fue cayendo en el olvido: aquellas viejas casas empezaron a derrumbarse.
Pero hubo un pequeño grupo que por amor a su tierra empezó a luchar contra los viejos caciques y se dirigieron al gobierno del estado para pedir ayuda económica. Tras largos años de extenuante lucha por la superviviencia lograron por fin que las autoridades los tomaran en cuenta. Les llegó la carretera y el teléfono, y San Carlos empezó a vivir de nuevo.
Hoy en día esta población cuenta con la carretera (72 km) que lo comunica con Barretal; con servicio telefónico, luz, agua y escuelas primaria y secundaria. Tiene un modesto hotel y un par de restaurantes, así como una línea foránea de autobuses que va a CiUdad Victoria. Su clima es más bien cálido la mayor parte del año, con intensos fríos y heladas en el invierno. Es famoso por su mezcal y la carnes seca, con la cual se prepara la famosa machaca.
Como atractivos tiene el Cerro del Diente, el más alto en toda la sierra con 1 680 msnm, y la feria regional que se celebra el 4 de noviembre, cuando llega la diversión con charreadas, carreras de caballos, palenques, juegos mecánicos y vendimias. Hace pocos meses se terminó de construir un pequeño balneario, en el cual la gente pasa las tardes y los fines de semana, como única forma de esparcimiento. Cerca de ahí se encuentra una antigua propiedad en ruinas que a primera vista parece haber sido una hacienda, pero según los lugareños fue una importante cuerearía en sus años de esplendor. Hoy se utiliza como corral y se encuentra dentro de una propiedad privada, cuyos dueños permiten a los visitantes admirar una de las edificaciones más antiguas de la región.
En lo alto de un cerro cerca de la cuerearía, encontramos una singular construcción solitaria, conocida como el Polvorín, donde se guardaba la pólvora y las municiones durante las guerras que han cimbrado al país y a pesar de los estragos del tiempo y del intemperismo, se mantiene enhiesto y fuerte, cual vigilante de la población.



Fuente: México desconocido No. 251 / enero 1998

domingo, 1 de abril de 2007

Hace unos días, revisando el "baúl de los recuerdos", que en realidad no es más que una caja que alguna vez albergó a un rompecabezas, me encontré el programa de mi graduación de la secundaria; no era eso precisamente lo que buscaba; sin embargo, encontré en él un poema que llamó mi atención. Supuse que pertenecía a un poeta que aún no tengo la oportunidad de leer, pero no encontré en la web dato alguno sobre dicho poema. Aún así me ha parecido tan bello y significativo que he decidido compartirlo:


Ojala un poema fuera suficiente
para desmoronar ese ir sin rumbo fijo,
ese tránsito de sombra y soledad.

viernes, 23 de febrero de 2007

PIEDRA DE SOL (FRAGMENTO)


No hay cosa que sea más agradable que esos trozos de literatura, de belleza, que se me presentan, de pronto, así, sin más...


Justo eso ocurrió ayer. Me tope con un fragmento de un poema, uno de los grandes poemas de Octavio Paz. No había tenido la oportunidad de leerlo, y ahora que la sinrazón lo ha puesto en mi camino, lo disfrutaré lenta y placenteramente.


Benditos Serendipitys que plagan mi camino...




PIEDRA DE SOL


Todo se transfigura y es sagrado,

es el centro del mundo cada cuarto,

es la primera noche, el primer día,

el mundo nace cuando dos se besan(...)

amar es combatir, si dos se besan

el mundo cambia, encarnan los deseos,

el pensamiento encarna, brotan las alas en las espaldas del esclavo,

el mundo es real y tangible,

el vino es vino,

el pan vuelve a saber, el agua es agua,

amar es combatir, es abrir puertas,

dejar de ser fantasma con un número a perpetua cadena

condenado por un amo sin rostro;

el mundo cambia...


Octavio Paz
 
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