jueves, 1 de mayo de 2008
jueves, 24 de abril de 2008
AURA-CARLOS FUENTES
“Consuelo, también el demonio fue un ángel, antes..."
No había mas. Allí terminan las memorias del general Llorente: "Consuelo, le demon aussi etait un ange, avant..."
jueves, 27 de marzo de 2008
AMOR ES AMOR
lunes, 4 de febrero de 2008
DIANA, O LA CAZADORA SOLITARIA- CARLOS FUENTES
Gertrude- Hermann Hesse
martes, 18 de diciembre de 2007
jueves, 11 de octubre de 2007
«Hoy he presenciado lo siguiente...»
| Así comienza «The Cleft» , la última novela de la premiada que la editorial Lumen publicará el próximo año. La Razón publica el arranque del primer capítulo Hoy he presenciado lo siguiente: Cuando los carros llegan de la granja al acabar el verano, cargados con el vino, las aceitunas, las frutas, se respira un ambiente festivo en la casa y yo me sumo a él. Desde mis ventanas observo atento, como los esclavos de la casa, la llegada de los bueyes cuando doblan el camino, aguzo el oído para escuchar el chirrido del carro. Hoy los bueyes tenían los ojos desorbitados y estaban inquietos a causa de la ruidosa congestión en la carretera hacia el oeste. Su blancura había embermejado, casi como la túnica del esclavo Marcus, y su pelaje estaba cubierto de polvo. Las chicas, expectantes, han salido corriendo hacia el carro, no solo por todos los deliciosos productos que se disponían a colocar en la despensa, sino por Marcus, quien en el último año se ha convertido en un joven bello. Su garganta acumulaba demasiado polvo para permitirle devolver los saludos, y se precipitó al surtidor, agarró el cántaro que había allí y bebió ―y bebió―, se volcó agua sobre la cabeza, de donde surgió, tras esta libación, un montón de rizos negros, y lo soltó apresuradamente sobre los azulejos, donde se hizo añicos. En ese momento, Lolla, a cuya madre compró mi padre durante un viaje a Sicilia, una chica de carácter explosivo, se abalanzó sobre Marcus espetándole reproches y acusaciones. Él le gritó a su vez, defendiéndose. Los otros sirvientes ya estaban descargando las jarras de vino y aceite y la vendimia, negra y dorada, y era una escena concurrida, bulliciosa. Los bueyes comenzaron a mugir y entonces, con aire de ostentosa impaciencia, Lolla tomó un segundo cántaro y lo sumergió en el agua y corrió con él hacia los bueyes, donde llenó los pilones, que ya estaban casi vacíos. Era responsabilidad de Marcus asegurarse de que los bueyes tuvieran agua tan pronto como llegaran. Agacharon sus enormes cabezas y bebieron, mientras Lolla se volvía de nuevo contra Marcus, regañándolo y con aspecto enojado. Marcus era el hijo de un sirviente de la casa de la hacienda, y estos dos se conocían de toda la vida. A veces, él había trabajado aquí, en nuestra casa de la ciudad, a veces ella había ido a pasar el verano a la casa de la hacienda. Lolla era conocida por su genio, y si Marcus no hubiera estado sofocado y sediento después del largo y pesado viaje, probablemente se habría reído de ella, habría calmado su arrebato de impaciencia. Pero estos dos ya no eran niños: bastaba con verlos juntos para percatarse de que el enfado de ella, la hosquedad de él, no eran tan solo el resultado de una tarde acalorada. Se acercó a los bueyes, evitando la sacudida de los enormes cuernos, y empezó a calmarlos. Los liberó de los yugos y los condujo bajo la sombra de la gran higuera, donde colgó las cinchas sobre una rama. Por alguna razón, la ternura de Marcus hacia los bueyes irritó a Lolla todavía más. Se quedó quieta, mirando, mientras las otras chicas pasaban delante de ella trajinando los productos del carro, y sus mejillas estaban de color escarlata y sus ojos acusaban y reprobaban al chico. Él no le hizo caso alguno. Caminó frente a ella como si no estuviera allí, hasta la terraza, donde cogió otra túnica de su fardo y, después de sacarse la túnica polvorienta, se roció con agua otra vez y, sin secarse ―el calor lo haría en un momento― se puso la limpia. Lolla parecía más tranquila. Apoyaba la mano en la pared de la terraza, y ahora estaba arrepentida, o a punto de estarlo. De nuevo hizo caso omiso de ella, pero se quedó al fondo de la terraza, mirando fijamente los bueyes, sus bultos. “Marcus…”, dijo ella en su tono de voz habitual, y él se encogió de hombros, despreciándola. En ese momento la última de las tinajas y la fruta ya estaban dentro. Se encontraban los dos solos en la terraza. “Marcus”, repitió Lolla, esta vez melosa. Volvió la cabeza para mirarla, y a mí no me habría gustado recibir esa mirada. Desdeñosa, enojada; muy lejos de la complacencia que ella estaba esperando. Se dirigió a la verja para cerrarla, y se alejó de ambas. Las dependencias de los esclavos se encontraban al final del jardín. Tomó su fardo y echó a andar, decidido, hacia donde iba a pasar esa noche. “Marcus”, suplicó. Parecía a punto de romper a llorar. Estaba por entrar en las dependencias masculinas, dio con él cuando ya desaparecía tras la puerta. No tuve necesidad de observar más. Sabía que ella encontraría un pretexto para quedarse a esperarlo en el patio ―tal vez acariciando y mimando a los bueyes, dándoles higos, o simulando la atención que tanto requerían. Estaría aguardándolo. Sabía que él pretendía salir con el resto de los chicos en busca de diversión nocturna; no visitaba a menudo esta casa en plena Roma. Pero también sabía que estos dos pasarían la noche juntos, sin importar lo que él prefiriera. Esta breve escena, a mis ojos, resume una verdad sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Con frecuencia, al percibir algo como una revelación mientras observaba la vida de la casa, me sentía impelido a ir a la habitación donde guardaba ese inmenso grueso de información sobre el que se supone que estaba trabajando. Ahora ya hacía años que la tenía. Otros antes de mí habían declarado su intención de interpretarla. ¿Qué era? Un montón de material acumulado durante siglos, en su origen una historia oral, una parte de la cual se transcribió tiempo después, con el propósito de ocuparse del más temprano de nuestros testimonios, las gentes de nuestra tierra. Era un material voluminoso y renuente que había derrotado a más de un historiador esperanzado, y no solo por su dificultad, sino por su naturaleza. Cualquiera que trabaje sobre él debe saber que si algún día llegara a dotarlo de una forma que pudiera recibir un nombre, y presentarlo como un producto de erudición, este sería atacado, retado, y tal vez calificado de espurio. No soy una persona que disfrute las riñas entre intelectuales. El tipo de hombre que soy no tiene ninguna importancia en este debate; ya se ha discutido si debía permitirse la existencia de esta fábula más allá de las polvorientas estanterías donde siempre se ha conservado. “La Raja” ―no fui yo quien escogió el título― se consideró tan subversivo que en varias ocasiones quedó relegado junto a otros documentos “estrictamente confidenciales”. Como he dicho, la historia que estoy relatando se basa en documentos antiguos, que a su vez se basan en testimonios orales aún anteriores. Algunos de los acontecimientos que se presentan resultan desabridos y pueden llegar a disgustar a cierta gente. Puse a prueba una selección de fragmentos de la crónica con mi hermana Marcella y se escandalizó. No se podía creer que hubiera mujeres decentes que fueran crueles con los preciosos bebés varones. Mi hermana siempre está dispuesta a atribuirse los más delicados de los atributos femeninos ―un rasgo nada insólito, creo yo. Pero tal y como le recordé, a quien la haya visto gritando con fervor cuando la sangre manaba en la palestra, no resulta nada fácil convencerlo de la escrupulosidad femenina. Aquellos que deseen evitar que su sensibilidad se vea herida, deberían empezar la historia en la página 29. Esto que sigue no es el primer fragmento que tenemos de la historia, pero resulta informativo y por eso lo coloco en primer lugar. Doris LESSING |
Doris Lessing, Nobel de Literatura 2007
La novelista británica Doris Lessing, nacida en Persia y que este mes cumple 88 años, fue galardonada hoy con el Nobel de Literatura de este año. Lessing ya había sido distinguida en el 2001 con el Príncipe de Asturias.
La imagen más difundida de la autora de “El cuaderno dorado” (1962), considerada la biblia del feminismo británico, es la de una liberal a ultranza. En cierta etapa de su vida abrazó incluso ideas comunistas.
En muchas de sus más de cincuenta novelas, la considerada hasta ahora “única candidata seria británica al Nobel” critica repetidamente el trato de los blancos a los negros, relatando sus experiencias en Rhodesia (hoy Zimbabwe).
En 1925, su padre, ex oficial británico gravemente herido en la I Guerra Mundial, emigra con la familia a Rhodesia atraído por las promesas de hacer fortuna con una finca y el cultivo de productos agrícolas.
Los relatos de Lessing de esa etapa de su vida son ambivalentes. Tres elementos desempeñan un papel fundamental: la rígida educación particularmente de su madre, el descubrimiento de las bellezas de la naturaleza del sur de África y los horrores de la segregación y discriminación raciales.
El despertar de una rebelde
A los catorce años, hastiada de la educación autoritaria y anunciando ya la rebeldía en su alma, Lessing abandona el colegio de monjas al que iba y comienza a trabajar como asistente en una clínica. Pronto comienza también a escribir sus primeros relatos, en los que refleja las experiencias de desengaños amorosos.
A los 17 años, como se esperaba de ella, se casa con un granjero, con el que tiene dos hijos. El matrimonio es de corta duración: a los 23 años, en 1943, plena II Guerra Mundial, se divorcia y, a través de relación con el fervoroso izquierdista alemán Gottfried Lessing, se aproxima a grupos de ideología comunista.
En 1944 se casa con Lessing, que más tarde representaría a la República Democrática Alemana como diplomático en África, con el que tuvo su tercer hijo. En su autobiografía, Gregor Gysi, sobrino de Doris Lessing y hoy líder del partido de izquierda alemán Die Linke, la describe como una “mujer introvertida”, que “irradia una gran inteligencia” y da la impresión de ser “muy tímida”.
Doris Lessing publica su primera gran obra en 1950, "Vencida por la sabana", que la catapulta de inmediato a la fama. En 1954 se desengaña del comunismo y lo abandona, transformándose luego en una de sus más duras críticas, decantadas en “Canta la hierba”, una novela sumamente política.
Desilusiones y confesiones
En una entrevista, Lessing dice que hoy es muy intolerante con las ideologías, porque “pertenezco a una generación de grandes sueños, de utopías de sociedades perfectas, pero que han terminado en baños de sangre”.
En 1956, Sudáfrica y especialmente Rhodesia le prohíben el ingreso. En 1962 publica su novela más conocida, "El cuaderno dorado", que la convirtió en un icono del movimiento feminista, para gran sorpresa suya: “la cuestión de que un libro pueda cambiar la vida de una persona sólo puede significar que alguien está dispuesto a transformarse y el libro el sólo el detonante.”
En 1995, con 66 años, regresa a Sudáfrica para visitar a la familia que aún tiene allí y dar a conocer su autobiografía. Entonces, los vientos de la historia ya habían cambiado: es acogida con brazos abiertos, justamente por haber tratado los temas que cuarenta años antes le habían valido la expulsión.
De “Un paseo por la sombra”, una autobiografía de 1997, podría deducirse que a Doris Lessing ya no mucho la sorprende, pero interiormente reacciona como un fino sismógrafo. La clave para la comprensión de su vasta obra es quizás su respuesta a la cuestión de cuánta realidad contienen sus obras: “Es imposible describir la vida de un escritor, porque lo real en él no puede escribirse”.
Pablo Kummetz
domingo, 23 de septiembre de 2007
La Oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en los sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
miércoles, 20 de junio de 2007
Decálogo del artista
Gabriela Mistral
domingo, 10 de junio de 2007
Apuntes: Taller de narrativa.
Estos son algunos de los apuntes tomados en el Taller de Narrativa impartido por el escritor David Toscana hace algún tiempo, aquí en Ciudad Victoria. Lo comparto más que nada para darles un repaso, que bien que necesito mejorar en estos aspectos.
*Evitar el uso de la adjetivación.
*“Cuando se narran cosas grotescas; sangrientas y de horror: evita las palabras grotescas; sangrientas y de horror”
*Ser más preciso con lo que narramos.
*Leer autores hispanos en voz alta (García Márquez, Rulfo, etc.)
*Diálogos: “La gente no hace literatura cuando habla”
*No pensar en términos reales, si no en términos de coherencia interna, belleza y fuerza.
*“Se deforma la coloquialidad y el realismo, pensando en el realismo”.
*Todos los formalismos y cortesías suelen ser aburridos; es ahí cuando interviene el narrador.
*“Que los personajes hablen cuando tienen algo que decir”
*Diálogos cortos.
*“La realidad es importante hasta cierto punto. Si estorba no hay por qué conservarla”
*“Armonía en lugar de verosimilitud”
*Probar alternativas en tiempos verbales.
*No a los copretéritos.
*Debemos tener claro quién es el personaje.
*“No respeten la idea original, no se aferren a la idea de cómo iba a ser en un principio la historia.
jueves, 31 de mayo de 2007
ROSARIO CASTELLANOS
viernes, 18 de mayo de 2007
EL ALCALDE DE FURNES- SIMENON
Joris Terlinck , un hombre autoritario, taciturno y de mal carácter, que de la nada se ha creado, sin demasiados escrúpulos, una situación más que envidiable, es el polémico e incómodo alcalde de Furnes. El sistema de temor y servidumbre impuesto por él impera tanto en la familia y en la fábrica de tabaco de la que es propietario, como en el Ayuntamiento, donde su único rival es el presidente del Círculo Católico de la ciudad, Leonard Van Hamme. Pero, un día, un empleado suyo se suicida porque él se niega a adelantarle algún dinero para ayudar a abortar a su amante Lina, que no es otra que la hija de Van Hamme. A partir de entonces todo se complica, y la compleja naturaleza de Terlinck, aparentemente sólida e inquebrantable, irá agrietándose de tal manera y de un modo tan inesperado que nadie en Furnes hubiera podido imaginar unos meses antes los extraordinarios acontecimientos que conmoverán la ciudad.
miércoles, 7 de marzo de 2007
BIOGRAFÍA

(Aracataca, Colombia, 1928) Novelista colombiano. Afincado desde muy joven en la capital de Colombia, Gabriel García Márquez estudió derecho y periodismo en la universidad Nacional e inició sus primeras colaboraciones periodísticas en el diario El Espectador.
martes, 6 de marzo de 2007
José Revueltas
Novelista, cuentista, ensayista, guionista de cine, militante político, pensador crítico y disidente de la izquierda, José Revueltas fue una de las grandes figuras intelectuales mexicanas de la Generación de 1914, la misma a la que perteneció Octavio Paz.
Personaje considerado heroico por unos y repudiado por otros, Revueltas pasó muchos años en prisión por su oposición frontal al gobierno mexicano, habiendo sido acusado por éste de ser inspirador del movimiento estudiantil de 1968. Encarcelado una vez más en la siniestra prisión de Lecumberri, transformó esta experiencia en literatura en la novela corta El apando, una de sus obras maestras, adaptada luego al cine por Felipe Cazals.
Nacido en Durango, al norte de México, el 20 de noviembre de 1914, José Revueltas perteneció a una familia de artistas, ya que su hermano mayor, Silvestre, es uno de los más importantes compositores mexicanos; otro, Fermín, era pintor, y su hermana Rosaura, una famosa actriz que trabajó con Brecht en Alemania y protagonizó el famoso film La sal de la tierra.
Miembro durante años del Partido Comunista, Revueltas rompió con éste y con el estalinismo para fundar, primero, la Liga Espartaco y, luego, el Partido Popular Socialista. Algunas de sus principales obras son las novelas El luto humano y Los días terrenales, el libro de cuentos Dormir en tierra y el ensayo México

