jueves, 19 de marzo de 2009
2009: AÑO DE JAIME SABINES
No lo salves de la tristeza, soledad,
No lo cures de la ternura que lo enferma.
Dale dolor, apriétalo en tus manos,
Muérdele el corazón hasta que aprenda.
No lo consueles, déjalo tirado
Sobre su lecho como haz de yerba.
Porque sus palabras constituyeron todo lo que en aquel tiempo tuve:
Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.
Y cuando escuche su voz, cuando escuche su voz, el amor llegó a mi vida, años más tarde entendería en toda su extensión y con toda su complejidad lo que el amor significaba:
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
Y nuestro idilio se prolongara eternamente, porque en cada noche oscura de mi vida sabré que:
No quiero paz, no hay paz,
quiero mi soledad.
Quiero mi corazón desnudo
para tirarlo a la calle,
quiero quedarme sordomudo.
Que nadie me visite,
que yo no mire a nadie,
y que si hay alguien, como yo, con asco,
que se lo trague.
Quiero mi soledad,
no quiero paz, no hay paz.
lunes, 23 de febrero de 2009
ENTRESUELO.
Un ropero, un espejo, una silla,
ninguna estrella, mi cuarto, una ventana,
la noche como siempre, y yo sin hambre,
con un chicle y un sueño, una esperanza.
Hay muchos hombres fuera, en todas partes,
y mas allá la niebla, la mañana.
Hay arboles helados, tierra seca,
peces fijos idénticos al agua,
nidos durmiendo bajo tibias palomas.
Aquí, no hay mujer. Me falta.
Mi corazón desde hace días quiere hincarse
bajo alguna caricia, una palabra.
Es áspera la noche. Contra muros, la sombra
lenta como los muertos, se arrastra.
Esa mujer yyo estuvimos pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su mirada.
Nos hemos muerto muchas veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su nombre,
sus labios, su transparente falda.
Tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia:
de pezón a pezón cien labios y una hora,
de pupila a pupila un corazón, dos lagrimas.
Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos,hasta
el ultimo vuelo de la ultima ala,
cuando la carne toda no sea carne, ni el alma
sea alma.
Es precioso querer. Yo ya lo se. La quiero.
Es tan dura, tan tibia, tan clara!
Esta noche me falta.
Sube un violín desde la calle hasta mi cama.
Ayer mire dos niños que ante un escaparate
de maniquíes desnudos se peinaban.
El silbato del tren me preocupo tres años,
hoy se que es una maquina.
Ningún adiós mejor que el de todos los días
a cada cosa, en cada instante, alta
la sangre iluminada.
Desamparada sangre, noche blanda,
tabaco del insomnio, triste cama.
Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.

