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sábado, 6 de febrero de 2010

INSTANTÁNEAS.








Me gusta el color pálido de mis manos, no, mejor dicho: el color amarillo pálido de mis manos. De un tiempo a la fecha me dedico a tomarles foto en todos los ángulos posibles, ora tomando una pluma, ora escribiendo en la pc, sin embargo, nunca consigo que la cámara refleje el color, el brillo, la sensibilidad que ante mis ojos parecen emitir. Pienso que un día de estos conseguiré la toma perfecta, esa que consiga atrapar todo aquello que no he podido decir con palabras y que mis manos han ayudado a expresar con caricias, con letras, con golpes a la pared, quizá ese día todo aquello que aun no consigo decir se expanda por el mundo y lo destruya…





04 de febrero de 2010

miércoles, 27 de enero de 2010

HAY DÍAS…

Hay días en los que no quisiera levantarme para ir a trabajar; días en los que quisiera quedarme bajo las sábanas y no moverme de mi cama; días en los que deseo que la autocompasión, la tristeza y el mal humor me dejen encerrada en mi cuarto.

Por el contrario, hay momentos en que siento que el mundo es un lugar hermoso; momentos en que la vida fluye en cada uno de mis poros y momentos en los que estar viva es el mayor regalo que puedo tener.

Hay noches en las que no puedo dormir; noches en las que mis temores más absurdos salen de debajo de la cama para torturarme; noches en las que me siento tan sola que no concibo ningún sueño más allá de la oscuridad.

Hay mañanas en las que el aire helado se mete a mis pulmones llenándolos de energía; mañanas en las que la sola visión del sol me hace sentir esperanza y fuerza; mañanas en las que abro los ojos y descubro que no estoy sola, que bajo todos mis miedos y lágrimas está un mundo bello; mañanas en las que entiendo que soy como soy por alguna razón; que mi sensibilidad, mi inteligencia, mi manera rara de ver al mundo, mi sarcasmo, mi timidez, mis ideas, mi mal humor y todo lo que me convierte en alguien diferente, son el mejor regalo que yo pude tener.

En resumen, este ser humano complicado que soy, se da cuenta que son los altibajos los que le dan sentido a la existencia…

jueves, 14 de enero de 2010

CUANDO ESTOY SOLA (LLUEVE)



Allá afuera llueve. He apagado el televisor para poder escucharte a la distancia; para recuperar el sonido de tu voz escondido entre la lluvia. Escucho en otro cuarto la conversación de mi hermano, o eso supongo. Teclas y más teclas golpeando, haciéndose escuchar igual que estas que te escriben hoy.


Allá afuera es invierno; el mismo invierno que se ha instalado en mi pecho y me hace toser cada cinco minutos en un ciclo perfecto que no acaba. He puesto música de Paganini; el silencio; los truenos; tu ausencia; todo me asusta; quiero mantenerme lejos, en ese estado en el que nada importa y la realidad desaparece.


He pensado en ser un zombie, alguien me dijo que los zombies no sienten. ¿Cómo van a sentir si están muertos? He pensado que es imposible saber si después de muertos somos incapaces de sentir, ¿quién sabe si la percepción en lugar de desaparecer no se exacerba, quién sabe si de alguna manera, ya muertos no podemos percibir el macro y microcosmos de una manera más intensa? Pero en lo que mi teoría es comprobada me veré obligada a desechar la idea de ser un zombie más.


He descubierto, o mejor dicho, redescubierto, que Paganini me gusta y que Bach me hace sentir esperanza, sólo hace falta escuchar Cello Suite No.1 –Prelude, para entender que en algún lugar de este universo existe el equilibrio, la belleza y la bondad. No sé mucho de música clásica, pero no puedo evitar escucharla con un néofito embeleso.



Es curioso, quería venir e iniciar una historia, quizá el inicio de un relato, o la introducción de una novela, pero me ha salido esto, un trozo de mi persona, un fragmento de este zombie que algunas veces soy. Me voy, no apagaré la música, sólo cambiaré de hoja.

martes, 5 de enero de 2010

PROYECTO 2010

En este año inicio el Proyecto 2010 (mi proyecto), el cual tendrá por objetivo disciplinarme y dejar de lado mi pereza en cuanto a escritura se refiere. Es por ello que trataré de publicar al menos cuatro veces al mes algún texto. Cabe mencionar que estos textos no tendrán correcciones y mucho menos un orden lógico, sólo se tratará de ideas sueltas que vayan fluyendo en el papel. ¿Quién sabe? Quizá de todo esto salga al menos una idea buena. Bien pues inauguro este proyecto con el siguiente texto:






CURRÍCULUM VITAE.



Permaneció con la mirada fija en el suelo. Las restantes horas le parecerían las más largas de toda su vida. Dentro de sus botas movió los dedos, la sensación de frío no amainaba, por el contrario parecía ir en ascenso, un ascenso lujuriante que terminaría en el interior de sus muslos y le haría sentir aún más soledad de la que estaba sintiendo en esos momentos.


La puerta se abrió, escucho las voces discutir, con el volumen necesario para no ser escuchados por nadie, ni siquiera por ella.


Se frotó los manos, el frío le había llegado hasta los tobillos, haciéndola sentir inmersa en un balde de agua congelada. Sintió cómo el dolor en su espalda aumentaba, cómo la ansiedad amenazaba con desbordarla y dejarla esparcida en cada rincón de esa diminuta sala de espera. Sin más, la puerta se volvió a cerrar sin que nadie saliera de la oficina. Al parecer habían reanudado la conversación, la efímera esperanza de que su espera terminara pronto se desvaneció de golpe, dando lugar al violento abandono de quien ha visto esfumarse la meta casi a punto de llegar.


Estuvo tentada a dar vueltas con el fin de llamar la atención de ‘los de adentro’, pero pensó que quizá eso sólo retrasaría la decisión. Se sentó en el sillón más cercano a la puerta, a su lado el revistero no llamó en absoluto su atención, trató de olvidarse del frío observando el cuadro de una playa repleta de bañistas, pero la conciencia de lo helada que estaría el agua en esa época del año, le regresó la sensación gélida que avanzaba milimétricamente hacia sus muslos.


El sonido de los autos allá afuera la distrajo de sus pensamientos, se asomó por la ventana, estirando un poco el cuello para mejorar la vista. Tres pisos abajo estaba el mundo, con sus coches de juguete jugando a ver quién hacía más ruido, con sus títeres vestidos de una y mil formas, abriéndose paso entre el frío y el humo, entre las prisas y el contorno de otros títeres.


De vuelta al mundo en esa diminuta oficina, se acomodó la falda y mecánicamente se tocó el cabello para cerciorarse de que estaba en orden. Fingió no darse cuenta del temblor en su mano concentrando su atención en el frío que había llegado hasta su pelvis, atacándola sin tregua. Pensó qué pasaría si el frío seguía avanzando, si paralizaba su estómago y llegaba hasta su corazón.


La puerta se abrió de nuevo, no consiguió escuchar nada, el sonido de una canción lejana la distrajo por completo de su nerviosismo. Era la canción que tantas veces escuchó en su infancia, la que nunca más volvió a escuchar desde su llegada al universo de los coches, las distancias y las prisas.


No percibió las siluetas perfilándose en el cristal de la puerta, ni las risas de los dos hombres, echó una mirada al cuadro de la playa y volvió a pensar en lo helada que estaría el agua, la sal, la arena, el bloque formándose en su pecho paralizando todo lo una vez tuvo.

 
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