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martes, 3 de marzo de 2009

Polvo de ti en el suelo ensimismado
cuencos de ti hasta el fondo y por arriba
agua de ti me baña las palabras

Cópula de vulnerables y prosigue
números sin salida te denuncian
el sol la tarde el grito son un mismo ojo

Todo es agua en la noche compartida
Me descubro en tu antemuro como cuerpo
Emerges niebla
Yo los dedos adheridos

Mujer preservas el trigo hasta el verano
Aglomeración de luz es la tiniebla
Hay mesura en tus fugas
me desplazo

Eres causal cuando te heredas
estás llena de afecciones y habitada
qué azul sereno agradecida

Antes de hablar ya tengo tu vestigio
claridad de seres
sacramentos tuyos
Déjame buscarte cuando pasas

Esto es el mundo
sumisión de arena
abrazo de cálida penuria
escribir en tus ojos hacia dentro

La mujer sonrisa doble lo ha sabido
Continua y ascendiendo la luz de la fatiga
Te inmensas por el campo
Ya no estás

HOMERO ARIDJIS



miércoles, 6 de agosto de 2008

Soneto VIII




Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,


de día con arcilla, con trabajo, con fuego,


y aprisionada tienes la agilidad del aire,


si no fuera porque eres una semana de ámbar,



si no fuera porque eres el momento amarillo


en que el otoño sube por las enredaderas


y eres aún el pan que la luna fragante


elabora paseando su harina por el cielo,



¡oh, bienamada, yo no te amaría!


En tu abrazo yo abrazo lo que existe,


la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,



y todo vive para que yo viva:


sin ir tan lejos puedo verlo todo:


veo en tu vida todo lo viviente.







Soneto II



Amor, ¡cuántos caminos hasta llegar a un beso,


qué soledad errante hasta tu compañía!


Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.


En Taltal no amanece aún la primavera.



Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,


juntos desde la ropa a las raíces,


juntos de otoño, de agua, de caderas,


hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.



Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,


la desembocadura del agua de Boroa,


pensar que separados por trenes y naciones



tú y yo teníamos que simplemente amarnos,


con todos confundidos, con hombres y mujeres,


con la tierra que implanta y educa los claveles.


OSCAR WONG




CON MIS OJOS BUSCO a la mujer que amo.
Con mis manos palpo a la mujer que amo.
Esa mujer que canta es la mujer que amo.
Esa mujer que llora es la mujer que amo.
Esa mujer que siembra la Palabra Sacra es la mujer que amo.



Más allá de la corriente etérea de los sueños la persigo.
Aspiro el suave aroma de su cuerpo.
Raudo acudo cuando su voz me llama.
Tiemblo cuando el oleaje turbio de los celos me golpea.
Heme aquí cantando:
Alzo la voz para que el eco agrande mis palabras.



Esta canción es un relámpago que anida en los cristales.
Límpido el día estalla brutal en la retina.
Inicio el aluvión que fluye desde la fuente eterna del Amor.
Aquí la transparencia azul del mediodía crece.



Su mirada tiene el vigor de la espesura.
Su mirada es el rumor del viento entre la milpa.
Gota de miel apetecida su mirada resplandece.



Parpadea su mirada con un temblor más tierno que el musgo.
El líquido amargo del adiós asoma a la pupila.
Con dulzura de niña amonestada llora:
sus lágrimas, líquido candor que arroja mansedumbre.



Desde el árbol del silencio pende mi corazón
y escucho el llanto de la mujer que amo.
Un gajo de sol aúlla en mis entrañas.
Me estremezco cuando la llama del quebranto la calcina.



En ritual silencioso mis hijos la contemplan.
Cristal endeble la mediatarde,
bocanada de melancolía,
fuego mustio ardiendo en el iris.



He visto la desnudez de su alma.
He contemplado ese tropel de espumas,
el aletear silencioso de sus párpados.



Amo el colibrí que asoma en su mirada.
Amo su mirada tierna si sonríe.
Amo sus tibias lágrimas donde navega la nostalgia.



Cuando ríe emergen crisantemos.
Cuando canta el aire destila filamentos de albor:
esplende el oro que habita en la garganta.



Pero la vida no es un montón de escombros,
ni el torrente amargo de la furia.
No la lluvia picoteando el asfalto como un ave infatigable,
ni la tiniebla irrumpiendo en los caminos.



La vida: ramo de rosas blancas que le ofrezco,
golondrina rauda escapando de la bruma,
fruta dúctil que muerdo con deleite.



En la memoria palpo su rostro:
sus labios evaporan la penumbra,
su voz hace florecer las sombras.
Su figura, lirio luminoso en el centro del mundo.



Y la amo.
Mucho antes que la Tierra se formara.



Mi canto: sol enardecido derramándose,
claridad profunda, aletear de la dulzura.



Desde la umbría conjuro la suavidad de su piel,
el prodigio del Amor en llamas,
el ceremonial de la divina cumbre.



Sí, ya sé que sobre la desatada serranía
crece la bruma, la ceniza fraguando la existencia.
Ya sé que el puño iracundo se rebela
y el crepitar del Universo irrumpe enfurecido.





miércoles, 26 de diciembre de 2007

RAZONAMIENTO TARDÍO


Puedes ser un ángel, y no lo eres:
esa es la cualidad que distingue a los demonios.




José Martí

martes, 18 de diciembre de 2007

>>La poesía cambia con el tiempo, pero sólo como el tiempo mismo, para volver al punto de partida<<
OCTAVIO PAZ

sábado, 20 de octubre de 2007

ESPERO CURARME DE TÍ EN UNOS DÍAS

El otro- Rosario Castellanos


¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

domingo, 14 de octubre de 2007

AGUA NOCTURNA

La noche de ojos de caballo que tiemblan en la noche,
la noche de ojos de agua en el campo dormido,
está en tus ojos de caballo que tiembla,
está en tus ojos de agua secreta.

Ojos de agua de sombra,
ojos de agua de pozo,
ojos de agua de sueño.

El silencio y la soledad,
como dos pequeños animales a quienes guía la luna,
beben en esos ojos,
beben en esas aguas.

Si abres los ojos,
se abre la noche de puertas de musgo,
se abre el reino secreto del agua
que mana del centro de la noche.


Y si los cierras,
un río, una corriente dulce y silenciosa,
te inunda por dentro, avanza, te hace oscura:
la noche moja riberas en tu alma.


...La luna será nuestra como siempre la hemos pensado: un hermosos sueño, una distante luz que nos penetra, un suave amor profundo y quieto en nuestro corazón. La luna será siempre el resplandor que sale de nosotros en la noche y en la soledad.

martes, 21 de agosto de 2007

El Ausente

Octavio Paz

Dios insaciable que mi insomnio alimenta;
Dios sediento que refrescas tu eterna sed en mis lágrimas,
Dios vacío que golpeas mi pecho con un puño de piedra, con un puño de humo,
Dios que me deshabitas,
Dios desierto, peña que mi súplica baña,
Dios que al silencio del hombre que pregunta contestas com un silencio más grande,
Dios hueco, Dios de nada, mi Dios:
sangre, tu sangre, la sangre, me guía.

La sangre de la tierra,
la de los animales y la del vegetal somnoliento,
la sangre petrificada de los minerales
y la del fuego que dormita en la tierra,
tu sangre,
la del vino frenético que canta en primavera,
Dios esbelto y solar,
Dios de ressurrección,
estrella hiriente,
insomne flauta que alza su dulce llama entre sombras caídas,
oh Dios que en las fiestas convocas a las mujeres delirantes
y haces girar sus vientres planetarios y sus nalgas salvajes,
los pechos inmóviles y eléctricos,
atravesando el universo enloquecido y desnudo
y la sedienta extensión de la noche desplomada.

Sangre,
sangre que todavía te mancha con resplandores bárbaros,
la sangre derramada en la noche del sacrificio,
la de los inocentes y la de los impíos,
la de tus enemigos y la de tus justos,
la sangre tuya, la de tu sacrificio.

I I

Por ti asciendo, desciendo,
a través de mi estirpe,
hasta el pozo del polvo
donde mi semen se deshace en otros,
más antíguos, sin nombre,
ciegos ríos por llanos de ceniza.

Te he buscado, te busco,
en la árida vigilia, escarabajo
de la razón giratoria:
en los sueños henchidos de presagios equívocos
y en los torrentes negros que el delirio desata:
el pensamiento es una espada
que ilumina y destruye
y luego del relámpago no hay nada
sino un correr por el sinfín
y encontrarse uno mismo frente al muro.

Te he buscado, te busco,
en la cólera pura de los desesperados,
allí donde los hombres se juntan para morir sin ti,
entre una maldición y una flor degollada.
No, no estabas en ese rostro roto en mil rostros iguales.

Te he buscado, te busco,
entre los restos de la noche en ruinas,
en los despojos de la luz que deserta,
en el niño mendigo que sueña en el asfalto con arena e olas,
junto a perros nocturnos,
rostros de niebla y cuchillada
y desiertas pisadas de tacones sonámbulos.

En mí te busco: ¿eres
mi rostro en el momento de borrarse,
mi nombre que, al decirlo, se dispersa,
eres mi desvanecimiento?

I I I

Viva palabra obscura,
palabra del principio,
principio sin palabra,
piedra y piedra, sequía,
verdor súbito,
fuego que no se acaba,
agua que brilla en una cueva:
no existes, pero vives,
en nuestra angustia habitas,
en el fondo vacío del instante
— oh aburrimiento —,
en el trabajo y el sudor, su fruto,
en el sueño que engendra y el muro que prohibe.

Dios vacío, Dios sordo, Dios mío,
lágrima nuestra, blasfemia,
palabra y silencio del hombre,
signo del llanto, cifra de sangre,
forma terrible de la nada,
araña del miedo,
reverso del tiempo,
gracia del mundo, secreto indecible,
muestra tu faz que aniquila,
que al polvo voy, al fuego impuro

viernes, 15 de junio de 2007

AMANECER

¿Qué se hace a la hora de morir?
¿Se vuelvela cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?
¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía?
¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?
Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.
Ya no hay sollozo.
Nada, más que un silencio atroz.
Todos son una faz atenta, incrédula
de hombre de la otra orilla.
Porque lo que sucede no es verdad.

Rosario Castellanos, Poesía no eres tú. Obra poética: 1948-1971, Fondo de Cultura Económica, 1972.

jueves, 31 de mayo de 2007

ROSARIO CASTELLANOS


Nació en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 1925. Vivió su infancia y adolescencia en Comitán, Chiapas,México; falleció en Tel Aviv, el 7 de agosto de 1974. Estudió la licenciatura y la maestría en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Con una beca del Instituto de Cultura Hispánica estudió cursos de posgrado sobre estética en la Universidad de Madrid.Fue promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; directora deTeatro Guiñol en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, en el Instituto Nacional Indigenista en San Cristóbal, Chiapas; directora general de Información y Prensa de la Universidad Nacional Autónoma de México (1960-1966); profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1962-1971). Se le nombró embajadora de México en Israel de 1971 a1974. Fue becaria Rockefeller en el Centro Mexicano de Escritores de 1954 a 1955. Obtuvo el Premio Chiapas 1958, por Balún Canán. En1961 se le otorgó el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad real. En 1962 su libro Oficio de tinieblas obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Además,fue merecedora al Premio Carlos Trouyet de Letras,1967, y al Premio Elías Sourasky de Letras, 1972.

Su obra ha sido incluida en diversas antologías y traducida a varios idiomas.



DESAMOR


Me vio como se mira al través de un cristal

o del aire

o de nada.


Y entonces supe: yo no estaba allí

ni en ninguna otra parte

ni había estado nunca ni estaría.


Y fui como el que muere en la epidemia,

sin identificar, y es arrojado

a la fosa común.

jueves, 17 de mayo de 2007

EDUARDO LIZALDE


martes, 16 de enero de 2007

ENERO DE 2007
Desperté
por Gabriel Zaid
como llamado por la claridad de la noche,
o por el aire tibio que olía a madreselva.
La carretera bajaba en línea recta
hacia un valle extensísimo
bajo el imperio de la luna.
En el silencio, sólo se escuchaba
el susurro del coche a toda velocidad.

Pero el susurro me alarmó de pronto,
como el escándalo de un despertador.
Crispé las manos, aferradas al volante,
y abrí los ojos, contra el peso del sueño.
Estuve a punto de frenar bruscamente,
pero me limité a quitar el pie del acelerador.
Todo seguía impasible, como si nada hubiera pasado.

Me acordé del instante inverosímil
de estar en vilo por el aire,
como si despegara aquella nave espacial
que nos llevaba a un día de campo,
muchos años atrás. ¡Qué suavemente
se pasa a la voltereta!
Sentí el tam tam violento del corazón
y una especie de vértigo en los testículos.

Empecé a frenar suavemente, hasta detenerme
a la orilla de la carretera. Bajé del coche
para respirar, para recuperarme,
para orinar el susto,
como manda la medicina tradicional.
Fue seguramente un parpadeo,
menos que un segundo. Pero qué importa:
todo pudo pasar. En el silencio, sólo se escuchaban
los ruidos misteriosos de la noche apacible.

Aquella paz, de la vida en lo suyo, del viento
entretenido en chismear con las hojas,
de la tertulia de los grillos, de la espléndida luna
que, con la misma lejanía,
hubiese contemplado los restos del accidente,
me dio un segundo pánico.

Pánico de mí, de mi cadáver al volante,
que despierta y soy yo. Pánico del autor
de mis actos, que aparece y desaparece.
Pánico de esos actos anónimos,
en busca de autor,
como el mugido tenue de la brisa
casi a punto de hablar

en sílabas delirantes, en el límite ambiguo
de escucharse sonámbula y despertar,
o gemir en un sueño sin memoria.

¿Soy una autonomía que conduce a un autómata
que conduce un automóvil? ¿Desperté o despertó?
¿Soy una mente ida, un fantasma venido,
un cadáver quedado? ¿Recobré la conciencia
o la conciencia me recobró? ¿De quién fue el salto
por encima del abismo, entre el principio y fin
del piloto automático que estuvo a cargo,
mientras dejé de ser? ¿O seguí siendo quién,
dónde, cómo, al ausentarme?
¿Volví a nacer (reencarné, resucité)
como lector de un cuerpo y unos actos
que resultaron míos? ¿Soy
el autor de esos actos? ¿Soy el editor,
que los deja fluir o los corrige?
¿Soy ese fluir de un manantial desconocido?
¿Soy una grabación que se vuelve consciente
y, en vez de repetirse, como un mensaje pregrabado,
se asume y continúa hablando por su cuenta?
¿Soy la brisa que habla, un soplo que se exhala
y sin embargo se conserva en algún lugar?
¿Soy el Espíritu Santo que baja a una computadora,
asume su memoria de sílice, anima el barro y dice
/ yo?
¿Nací cuando ya había empezado la película
de mi vida, de la cual me contaron el principio?
¿Después de las primeras escenas,
de los primeros créditos, del valle que se extiende
bajo la luna, en una toma larga y lenta
del coche a toda velocidad? ~

PUBLICADO EN : http://www.letraslibres.com/index.php?art=11751



 
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